jueves, 24 de noviembre de 2016

ACTUACIÓN DE LA ACTIVIDAD FÍSICA SOBRE EL TEJIDO ÓSEO




Presentado por: Grupo de Osteoporosis.
LUCIA SANCHEZ
Tg actividad física.
DEISSY LILIANA MACANA
Tg actividad física.
NESTOR ARIAS SUAREZ
Tg entrenamiento deportivo.
PABLO PIEDRAHITA
Tg actividad física.
ALEJANDRO GONZALEZ
Tg entrenamiento deportivo. 








La actividad física tiene una incidencia directa sobre el tejido óseo a través de las tensiones provocadas en el hueso durante la realización del ejercicio físico. La acción de éstas cargas va a provocar una reorientación de las trabéculas para adaptar su masa y su arquitectura a la dirección principal de las cargas (Del Rio y Roig, 2001). La formación y reabsorción óseas están controladas por dos mecanismos interactivos: el sistema hormonal y la carga mecánica. En ausencia de carga mecánica, el hueso se atrofia (Bellver y Pujol, 1997), es decir, una disminución o la desaparición de las cargas, pueden ser la conclusión de la pérdida de trabéculas (Henderson, White, Eisman, 1998), mientras que en presencia de carga mecánica el hueso se hipertrofia (Bellver y Pujol, 1997).

El aumento de la densidad de masa ósea o la disminución de su pérdida va a venir reflejado por diversas circunstancias que rodean a la realización de actividad física. Debemos conocer qué tipo de actividad es recomendada para contrarrestar los efectos de la osteoporosis; a qué edad se obtienen los mayores resultados; en qué deportes practicados se observan las mayores ganancias óseas; si existe o no influencias sobre el sexo y si la actividad física realizada repercute de igual forma en todas las partes del sistema esquelético.



Para afrontar todas estas circunstancias desde el punto de vista preventivo se va a enfocar la terapia física o tratamiento desde una triple perspectiva:
  •    Aumentar el nivel de masa ósea en edades tempranas.
  •    Disminuir la pérdida de densidad ósea en personas de edad avanzada.
  •    Evitar el riesgo de caídas por deficiencias en el apartado de las habilidades   neuromusculares normales.

AUMENTAR EL NIVEL DE MASA OSEA EN EDADES TEMPRANAS

Este enfoque tiene como objetivo aprovechar las etapas del crecimiento para conseguir un mayor grosor de tejido óseo para el futuro, es decir, incidir en las edades tempranas de mayor crecimiento de masa ósea a través de la actividad física, para aumentar los niveles de densidad ósea, con lo que, se asegura una mejor salud ósea en edades más avanzadas. De esta forma será la realización de ejercicio físico la primera pauta preventiva desde la niñez como estrategia necesaria para la formación ósea (Martin, 1995), proporcionando protección contra los riesgos de osteoporosis en otras etapas de la vida, gracias al efecto anabolizante sobre el tejido óseo (Courteix y cols., 1998).

Numerosos autores hacen referencia de la importancia de la actividad física en la infancia y adolescencia como aspecto determinante para la consecución de una mayor masa ósea en la edad adulta (Henderson, White, Eisman, 1998; Del Rio y Roig, 2001; Courteix y cols., 1998; Barbado, 2001; Martín, 1995; Drinkwater y cols., 1995), considerando además, como indican Del Rio y Roig (2001), los beneficios conseguidos en las etapas precoces de la vida tienen una mayor perdurabilidad en el tiempo que los realizados en etapas más avanzadas de la misma.

Son numerosos los autores que han orientado sus investigaciones al análisis comparativo de los efectos que diferentes disciplinas deportivas tiene sobre la masa ósea de los deportistas, en función de su mayor o menor repercusión sobre la densidad de masa ósea y su implicación con la carga o impacto de la misma, se presenta a continuación una serie de consideraciones, con el objetivo de servir al lector de una orientación evaluativa sobre las distintas disciplinas deportivas y prácticas de actividad física. De esta forma, son varios los autores que nos muestran los resultados obtenidos en sus estudios comparativos, destacando:

Matsumoto y cols. (1997): estudiaron la densidad de masa ósea (DMO) total y diferentes marcadores metabólicos en tres grupos de deportistas de las modalidades de Judo, Atletismo (corredores de larga distancia) y Natación. No encontraron diferencias en la densidad de masa ósea total del cuerpo, entre corredores de largas distancias y nadadores, sin embargo, comprobaron que la densidad de masa ósea total del cuerpo, en ambos sexos, es mayor en los yudocas que en los otros dos grupos. Concluyen que las diferencias en se deben, en parte, a la demanda del deporte específico, y se reflejan en los restantes índices metabólicos.

Fehling y cols. (1995): realizan un estudio para comparar la DMO en chicas de edad puberal, practicantes de dos modalidades deportivas consideradas de impacto, gimnasia y voleibol, con modalidades de bajo impacto, natación y grupo control. Las gimnastas y jugadoras de voleibol mostraron mayores DMO total frente a los grupos de bajo impacto, no encontraron diferencias entre nadadoras y grupo control. Localmente las gimnastas mostraron mayor densidad ósea en miembros superiores que el resto de las chicas estudiadas.

Con referencia a lo expuesto anteriormente se pueden prescribir diferentes protocolos de ejercicios o actividades físicas en función de las características óseas y la condición física inicial de las personas que van a tomar parte en un programa preventivo contra los riesgos de la osteoporosis, de esta forma, se pueden dividir en:

Grupos de personas que presentan (después de un reconocimiento médico previo y una densitometría ósea) una buena constitución ósea y no están afectados por la osteoporosis. Este colectivo estará capacitado para ejercitarse con un trabajo de impacto, es decir, un protocolo de ejercicios donde se incluirán entre otros, ejercicios de saltos y recepciones (como por ejemplo, step) en una parte de la sesión, así como ejercicios de fuerza muscular insistiendo en las zonas más proclives a padecer fracturas (cadera, columna vertebral, etc.).

Grupos de personas donde los signos osteoporóticos están instaurados. Los ejercicios de fuerza cobrarán un mayor protagonismo, se alternarán con ejercicios de resistencia aeróbica variando de intensidades sin llegar en ningún momento a la máxima (Khan y cols., 2001). El trabajo de fuerza podrá realizarse en circuitos, donde cada miembro del grupo se ejercitará de forma independiente y acorde con sus posibilidades. Se utilizará el trabajo de fuerza isométrica para incidir sobre zonas concretas del sistema esquelético cuando la localización de la patología lo requiera. Los ejercicios de resistencia aeróbica podrán ser caminar, trote suave, etc. siendo la intensidad de éstos progresiva (Del Rio y Roig, 2001).

Grupo de personas que se han visto afectadas por alguna fractura ósea o cuyo riesgo de padecerla es alto. Para estos, siguiendo a Bellver y Pujol (1997), habrá que tener en cuenta unas consideraciones especiales, es decir, se deberá vigilar principalmente la posibilidad de caídas con la práctica de una actividad. Los ejercicios en el agua constituyen alternativas seguras, puesto que el individuo se concentra en el ejercicio sin riesgo de caer.




http://cdeporte.rediris.es/revista/revista20/artvejez16.htm

http://www.efdeportes.com/ Revista Digital - Buenos Aires - Año 10 - N° 76 - Septiembre de 2004













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