ACTUACIÓN DE
LA ACTIVIDAD FÍSICA SOBRE EL TEJIDO ÓSEO
Presentado
por: Grupo de Osteoporosis.
LUCIA SANCHEZ
Tg actividad
física.
DEISSY LILIANA
MACANA
Tg actividad
física.
NESTOR ARIAS
SUAREZ
Tg
entrenamiento deportivo.
PABLO
PIEDRAHITA
Tg actividad
física.
ALEJANDRO
GONZALEZ
Tg
entrenamiento deportivo.
La actividad
física tiene una incidencia directa sobre el tejido óseo a través de las
tensiones provocadas en el hueso durante la realización del ejercicio físico.
La acción de éstas cargas va a provocar una reorientación de las trabéculas
para adaptar su masa y su arquitectura a la dirección principal de las cargas
(Del Rio y Roig, 2001). La formación y reabsorción óseas están controladas por
dos mecanismos interactivos: el sistema hormonal y la carga mecánica. En ausencia
de carga mecánica, el hueso se atrofia (Bellver y Pujol, 1997), es decir, una
disminución o la desaparición de las cargas, pueden ser la conclusión de la
pérdida de trabéculas (Henderson, White, Eisman, 1998), mientras que en
presencia de carga mecánica el hueso se hipertrofia (Bellver y Pujol, 1997).
El aumento de
la densidad de masa ósea o la disminución de su pérdida va a venir reflejado
por diversas circunstancias que rodean a la realización de actividad física.
Debemos conocer qué tipo de actividad es recomendada para contrarrestar los
efectos de la osteoporosis; a qué edad se obtienen los mayores resultados; en
qué deportes practicados se observan las mayores ganancias óseas; si existe o
no influencias sobre el sexo y si la actividad física realizada repercute de
igual forma en todas las partes del sistema esquelético.
Para afrontar
todas estas circunstancias desde el punto de vista preventivo se va a enfocar
la terapia física o tratamiento desde una triple perspectiva:
-
Aumentar el nivel de masa ósea en edades
tempranas.
-
Disminuir la pérdida de densidad ósea en personas
de edad avanzada.
-
Evitar el riesgo de caídas por deficiencias en el
apartado de las habilidades neuromusculares normales.
AUMENTAR EL
NIVEL DE MASA OSEA EN EDADES TEMPRANAS
Este enfoque
tiene como objetivo aprovechar las etapas del crecimiento para conseguir un
mayor grosor de tejido óseo para el futuro, es decir, incidir en las edades
tempranas de mayor crecimiento de masa ósea a través de la actividad física,
para aumentar los niveles de densidad ósea, con lo que, se asegura una mejor
salud ósea en edades más avanzadas. De esta forma será la realización de
ejercicio físico la primera pauta preventiva desde la niñez como estrategia
necesaria para la formación ósea (Martin, 1995), proporcionando protección
contra los riesgos de osteoporosis en otras etapas de la vida, gracias al
efecto anabolizante sobre el tejido óseo (Courteix y cols., 1998).
Numerosos
autores hacen referencia de la importancia de la actividad física en la
infancia y adolescencia como aspecto determinante para la consecución de una
mayor masa ósea en la edad adulta (Henderson, White, Eisman, 1998; Del Rio y
Roig, 2001; Courteix y cols., 1998; Barbado, 2001; Martín, 1995; Drinkwater y
cols., 1995), considerando además, como indican Del Rio y Roig (2001), los
beneficios conseguidos en las etapas precoces de la vida tienen una mayor
perdurabilidad en el tiempo que los realizados en etapas más avanzadas de la
misma.
Son numerosos
los autores que han orientado sus investigaciones al análisis comparativo de
los efectos que diferentes disciplinas deportivas tiene sobre la masa ósea de
los deportistas, en función de su mayor o menor repercusión sobre la densidad
de masa ósea y su implicación con la carga o impacto de la misma, se presenta a
continuación una serie de consideraciones, con el objetivo de servir al lector
de una orientación evaluativa sobre las distintas disciplinas deportivas y
prácticas de actividad física. De esta forma, son varios los autores que nos
muestran los resultados obtenidos en sus estudios comparativos, destacando:
Matsumoto y
cols. (1997): estudiaron la densidad de masa ósea (DMO) total
y diferentes marcadores metabólicos en tres grupos de deportistas de las
modalidades de Judo, Atletismo (corredores de larga distancia) y Natación. No
encontraron diferencias en la densidad de masa ósea total del cuerpo, entre
corredores de largas distancias y nadadores, sin embargo, comprobaron que la
densidad de masa ósea total del cuerpo, en ambos sexos, es mayor en los yudocas
que en los otros dos grupos. Concluyen que las diferencias en se deben, en parte,
a la demanda del deporte específico, y se reflejan en los restantes índices
metabólicos.
Fehling y
cols. (1995): realizan un estudio para comparar la DMO en
chicas de edad puberal, practicantes de dos modalidades deportivas consideradas
de impacto, gimnasia y voleibol, con modalidades de bajo impacto, natación y
grupo control. Las gimnastas y jugadoras de voleibol mostraron mayores DMO
total frente a los grupos de bajo impacto, no encontraron diferencias entre
nadadoras y grupo control. Localmente las gimnastas mostraron mayor densidad
ósea en miembros superiores que el resto de las chicas estudiadas.
Con referencia
a lo expuesto anteriormente se pueden prescribir diferentes protocolos de
ejercicios o actividades físicas en función de las características óseas y la
condición física inicial de las personas que van a tomar parte en un programa
preventivo contra los riesgos de la osteoporosis, de esta forma, se pueden
dividir en:
Grupos de
personas que presentan (después de un reconocimiento médico previo y una
densitometría ósea) una buena constitución ósea y no están afectados por la
osteoporosis. Este colectivo estará capacitado para
ejercitarse con un trabajo de impacto, es decir, un protocolo de ejercicios
donde se incluirán entre otros, ejercicios de saltos y recepciones (como por
ejemplo, step) en una parte de la sesión, así como ejercicios de fuerza
muscular insistiendo en las zonas más proclives a padecer fracturas (cadera,
columna vertebral, etc.).
Grupos de
personas donde los signos osteoporóticos están instaurados. Los
ejercicios de fuerza cobrarán un mayor protagonismo, se alternarán con
ejercicios de resistencia aeróbica variando de intensidades sin llegar en
ningún momento a la máxima (Khan y cols., 2001). El trabajo de fuerza podrá
realizarse en circuitos, donde cada miembro del grupo se ejercitará de forma
independiente y acorde con sus posibilidades. Se utilizará el trabajo de fuerza
isométrica para incidir sobre zonas concretas del sistema esquelético cuando la
localización de la patología lo requiera. Los ejercicios de resistencia
aeróbica podrán ser caminar, trote suave, etc. siendo la intensidad de éstos
progresiva (Del Rio y Roig, 2001).
Grupo de
personas que se han visto afectadas por alguna fractura ósea o cuyo riesgo de
padecerla es alto. Para estos, siguiendo a Bellver y Pujol (1997),
habrá que tener en cuenta unas consideraciones especiales, es decir, se deberá
vigilar principalmente la posibilidad de caídas con la práctica de una
actividad. Los ejercicios en el agua constituyen alternativas seguras, puesto
que el individuo se concentra en el ejercicio sin riesgo de caer.
http://cdeporte.rediris.es/revista/revista20/artvejez16.htm
http://www.efdeportes.com/ Revista
Digital - Buenos Aires - Año 10 - N° 76 - Septiembre de 2004



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